Creo que es gratificante
para casi cualquier persona, disfrutar de una obra de arte. Ya sé que todos no
tenemos los mismos gustos y que quizás unos prefieran admirar una escultura de
bronce en una plaza mientras se toma una bebida que ir a un concierto de ópera;
o comerse unos bombones hechos de forma artesanal después de haber admirado sus
curiosas formas, que ver una peli clásica de los años ‘20 en blanco y negro. Y
es que sobre gustos no hay nada escrito.
Particularmente, me
fascinan muchas manifestaciones del arte, pero no conozco ninguna en
profundidad. Puedo ir a ver alguna vez un ballet clásico y sólo saber qué es un
“pas de deux” o un “relevé”, ver en la tele un programa de cocina moderna y no
dominar ninguna palabra del arte culinario, o ir a ver una exposición de
pintura y saber qué es un cuadro “abstracto”, aunque creo que este último
término es el más fácil de diferenciar de todos,… porque en cuanto ves un
cuadro abstracto, ¡sabes que lo es! ¿o no?
Pero bueno, una
exposición de pintura tiene de todo y siempre puedes aprender algo, aunque haya
alguno…o alguna…que sólo asista para tomar un vinito, degustar un canapé o para
pararse delante de un cuadro, sin conocer los minutos exactos que tiene que
estar admirándolo sin que parezca un@ desentendid@ en artes plásticas, cuando
la realidad es que, debes mirarlo el tiempo que te haga falta, ya sea unos
segundos o una eternidad.
Mi primera –que tampoco
han venido muchas luego- exposición de pintura, fue de cuadros que
representaban el “cubismo”…ya saben…el estilo de Picasso. Hay que tener mucho
arte, y don sobre todo, para pintar, pero ya para llevar al lienzo algo que
está lejos de toda la perspectiva lógica visual a la que estamos acostumbrados,
ya eso no es don… sino magia. Y no es que sea una admiradora de los cuadros
cubistas que distorsionan los objetos y hacen que veas más de una de sus
aristas, pero me parece complicadísimo llegar a dibujarlos y que aún siendo
algo “desarmado”, la gente lo llegue a ver y a entender.
El Guernica de Picasso es una clara representación de este estilo y
pasa que aunque no conozcamos el tema que trata, ni seamos unos expertos en
artes plásticas, al verlo, nos trasmita mucho, incluso siendo desencajado y
monocromático. Puedes saber que hay sufrimiento, desolación, dolor, muerte… te
despierta emociones, te sorprendes hasta haciendo interpretaciones del lienzo. Sólo
se logra provocar esas sensaciones, con lo que se ha hecho desde el corazón.
Reflexiones de una cubana en Euskadi
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